El Oficio de Toñito · Café Amapola
EDICIÓN ESPECIAL · 20·26EL OFICIO DE TOÑITO

Una vida dedicada al arte de hacer con las manos.

Toñito, nuestro abuelo, fue un hombre común y corriente. Y quizás eso sea justamente lo extraordinario de su historia.

ANTONIO JOSÉ NARANJO AGUIRRE · 1933–2023

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Antonio José Naranjo Aguirre
Antonio José Naranjo Aguirre · 1933–2023Nº 002

Tenía el arte de hacer extraordinario lo ordinario de cada día.

Era de carcajada fácil y conversación espontánea. Caminaba por la calle repartiendo saludos y se detenía a conversar. Toñito era de esas personas que, casi en silencio, se hacían querer.

Disfrutaba profundamente las cosas sencillas. Un desayuno con arepa podía convertirse en todo un acontecimiento y cualquier momento era bueno para alguna de sus frases: “vamos despacio que voy de afán” o “aplaca, Señor, tu ira, tu justicia y rigor”.

Tenía además una forma muy suya de mirar la vida: casi siempre encontraba el lado bueno. De las situaciones, pero sobre todo de las personas.

Fue el esposo de nuestra abuela Dolly, su “Misia Dolly”. Fue papá, abuelo y bisabuelo consagrado. Fue artesano. Fue contador. Pero, sobre todo, fue un hombre que terminó convirtiendo cada una de esas cosas en una manera de vivir.

Toñito con sus hijos en 1985
Toñito con sus hijos1985
Toñito con los brazos en alto
Cualquier momento podía ser una fiesta

Un oficio no es solamente algo que sabes hacer.

Después de muchos años, se convierte en una manera de mirar la vida. Y así fue con Toñito. Hizo de las manos un arte, de los números una manera de entender el mundo y de su forma de querer, una manera de ser.

MANOS · EL ARTE DE HACER Con las manos, medía, doblaba, soldaba, construía y enseñaba. MENTE · EL ARTE DE CONTAR Con la mente, contaba, comparaba, calculaba y buscaba entender. CORAZÓN · EL ARTE DE SER Y con el corazón, cuidaba, confiaba, hacía reír y encontraba algo bueno en los demás.

I · MANOS

El arte de hacer

Los tubos fueron una de las grandes pasiones de Toñito. Empezó como doblador de tubos y durante décadas sus manos aprendieron a medirlos, cortarlos, doblarlos, soldarlos y convertirlos en algo nuevo.

Hay una imagen que se repitió durante años y que quedó para siempre en nuestra memoria: nuestro abuelo llegando a casa al final del día con las manos negras de trabajar los tubos. Y lo hizo prácticamente hasta sus 85 años.

Fueron tantos años, tantos tubos y tantas horas trabajando con sus manos que, al final, sus manos también guardaban la forma de su oficio. Eran cóncavas. Ya no podía cerrar completamente los puños. De alguna manera, sus manos habían adquirido la curva de los tubos que sostuvieron durante toda una vida.

Toñito trabajando en su taller
El taller, entre tubos, sillas y soldaduras

Siempre hablamos de las huellas que una persona deja en su trabajo. Con Toñito ocurrió también al revés:

su trabajo dejó una huella en él.

Quizás por eso esta edición habla tanto de las manos. Porque las manos cuentan. Cuentan lo que hemos hecho, lo que hemos aprendido y los años que hemos dedicado a algo. Y las de Toñito contaban, sin necesidad de palabras, la historia de su oficio.

Las manos de Toñito sosteniendo las de su hijo mayor
Sus manos, sosteniendo las de su hijo mayor29 de agosto de 2023

Su hijo mayor heredó su arte. Y hasta el final de sus vidas, los dos soñaron con tubos.

Pero los tubos tampoco se quedaban en el taller. Íbamos a un restaurante y, mientras nosotros veíamos una silla, él veía el calibre del tubo, las uniones, la estructura, la soldadura. La observaba, la analizaba y prácticamente la desarmaba con la mirada. Su oficio le había enseñado a ver cosas que los demás no veíamos.

Y fue así hasta el final. En sus últimos días, a veces entre sueños, Toñito seguía trabajando. Hablaba de comprar tubos, de soldaduras, de alguna pieza que había que resolver. Como si después de tantos años el taller siguiera ahí, acompañándolo.

Quizás porque cuando dedicas una vida entera a un oficio, deja de ser solamente algo que haces y se vuelve parte de quien eres.

II · MENTE

El arte de contar

Toñito también fue contador. Empezó en la empresa como doblador de tubos y, con los años, llegó a encargarse de la contabilidad y la nómina.

En una época en la que no existían los softwares que hoy hacen las cuentas por nosotros, más de una vez se amaneció de claro en claro haciendo números, cuadrando cuentas y sacando la nómina.

Pero contar tampoco era algo que dejara en el trabajo.

Toñito contaba el mundo.

  1. 01Cuántas personas había en una habitación.
  2. 02Cuántos escalones había subido.
  3. 03Cuántos puestos tenía un bus.
  4. 04Cuánto se había producido durante el día.
  5. 05El precio del arroz, de los huevos y de cualquier cosa que despertara su curiosidad.

Los números eran otra de sus maneras de observar, entender y disfrutar las cosas cotidianas.

Carnet de Antonio Naranjo, campeonato interno de 1974
Su carnet del campeonato interno de fútbol1974

Así como sus manos habían aprendido a sentir y entender los tubos, su mente había aprendido a mirar el mundo a través de los números.

El contador y el artesano eran el mismo Toñito: su mente y sus manos trabajando juntas.

Una calculaba, comparaba y encontraba respuestas. Las otras medían, doblaban y construían. Mente y manos conectadas por la misma curiosidad de entender cómo funcionaban las cosas.

III · CORAZÓN

El arte de ser

Estaban sus manos. Estaban sus números. Y estaba, sobre todo, su corazón.

Porque quizás el oficio más importante de Toñito nunca apareció en una hoja de vida. Fue el oficio de ser esposo de su “Misia Dolly”, de ser papá, abuelo y bisabuelo. Y también eso lo convirtió en un arte cotidiano.

  • El arte de estar
  • de cuidar
  • de enseñar
  • de hacer reír
  • de dar la mano
  • de compartir lo que sabía
  • de encontrar algo bueno en los demás
Toñito y Dolly frente al altar el día de su matrimonio
Toñito y su Misia Dolly frente al altar1963

LA HISTORIA DE LA PLANCHA

Hay una historia que en nuestra familia lo retrata mejor que cualquier descripción. Cuenta la familia que una vez un muchacho pasó cerca de la casa y se llevó la plancha de nuestra abuela.

“Vaya, búsquelo y traiga la plancha”, le dijo su Misia Dolly.

Y Toñito salió a buscarlo. Lo encontró. Le pidió la plancha y, hasta ahí, la historia habría podido terminar como cualquiera esperaría. Pero Toñito no vio solamente a quien se había llevado algo suyo. Vio a un muchacho pálido, con frío, muy delgado y con poco más que lo que llevaba puesto.

Entonces hizo algo muy de él. Lo llevó a una panadería, le invitó un café con algo de comer y le dio unas monedas de su bolsillo. Tardó bastante en regresar. Y cuando finalmente volvió a casa, llegó sin la plancha y con unos pesos menos.

Quizás por historias como esta creemos que Toñito no tenía precisamente el alma de un gran negociante.

Sufría de exceso de nobleza.

Pero tal vez ahí estaba también su manera de mirar. Donde otros podían ver solamente un error, él todavía era capaz de ver a una persona.

Y entonces todo empieza a conectarse.

No eran tres Toñitos diferentes.

HACERLas manos del artesano.
ENTENDERLa mente del contador.
QUEREREl corazón del hombre que fue.

Eran las tres formas con las que nuestro abuelo se relacionaba con el mundo: hacer, entender y querer. Y todo aquello que aprendió tampoco terminó con él.

Sus manos les enseñaron a otras manos. Sus hijos aprendieron mirando, intentando, equivocándose, preguntando y volviendo a intentar. Lo que a Toñito le había tomado años aprender empezó a vivir en la siguiente generación.

DE MANO EN MANO · DE UNA GENERACIÓN A LA SIGUIENTE

Quizás eso sea un oficio. Algo que comienzas aprendiendo a hacer y que, después de toda una vida, termina enseñándote también cómo mirar, cómo vivir y qué dejarle a los que vienen después. Entonces se convierte en legado.

IV · DE MANO A MANO

Y entonces miramos nuestra taza

Quizás por eso esta historia pertenece a Café Amapola. Vivimos en un mundo donde casi todo nos llega hecho. Vamos al supermercado, tomamos una bolsa de café, la ponemos en la canasta y seguimos caminando. Nos sentamos en una silla sin preguntarnos quién la hizo.

Tenemos el resultado entre las manos, pero pocas veces alcanzamos a ver todo lo que ocurrió antes. Nosotros no podemos mirar una taza de café y ver solamente una taza.

Donde tú ves café, nosotros vemos vidas.

Vemos la tierra y las manos que sembraron. Los meses y años de cuidado. A quien aprendió a conocer una planta y sus tiempos. A quien puede mirar un árbol lleno de frutos y reconocer cuál está listo para recoger y cuál necesita un poco más de tiempo.

Vemos las manos que recolectan y seleccionan. El lavado. La fermentación. El secado. La tostión. Vemos paciencia, errores, decisiones, experiencia y conocimientos que no siempre caben en un manual. Porque hay cosas que solo se aprenden haciéndolas una y otra vez.

  • Hay arte en sembrar.
  • Hay arte en cuidar.
  • Hay arte en saber cuándo recoger.
  • Hay arte en seleccionar.
  • Hay arte en transformar.

Como había arte en las manos de Toñito cuando doblaban un tubo o hacían una soldadura.

Porque el arte no siempre termina colgado en una pared.

A veces termina en una silla. A veces deja las manos negras. Y a veces termina en una taza de café.

UNA TAZA PUEDE PREPARARSE EN MINUTOS. APRENDER A HACERLA PUEDE TOMAR TODA UNA VIDA.

V · EL LEGADO

El oficio de Toñito

Esta edición comenzó queriendo recordar las manos negras de nuestro abuelo y terminó haciéndonos pensar en todo lo que esas manos representaban. En el arte de hacer. En el arte de contar. En el arte de ser. En sus manos, su mente y su corazón.

Toñito nos heredó mucho más que el apellido Naranjo. Nos heredó una forma de vivir.

  • Que aquello a lo que dedicamos nuestra vida termina cambiando nuestra manera de mirar.
  • Que las manos pueden guardar años de conocimiento.
  • Que la mente puede convertir la curiosidad en una manera de entender el mundo.
  • Que lo aprendido puede pasar de una generación a otra.
  • Y que también existe un arte en la manera en que elegimos querer y tratar a los demás.
Toñito riendo a carcajadas
Sus carcajadas

VI · LA EDICIÓN

Esta historia llega a tu taza

Un café blend de Neira, Caldas, con aroma a caramelo, frutos amarillos y chocolate. Un homenaje al oficio: al arte que se aprende haciendo y a las vidas que hacen de ese saber una forma de mirar el mundo.

TIPO DE CAFÉ
Café blend
AROMA Y SABOR
Caramelo, frutos amarillos, chocolate. Acidez media y residual perdurable
ORIGEN
Neira, Caldas · 1.969 m s. n. m.
PROCESO
Lavado
TOSTIÓN · TAZA
Media · 86 puntos
PRESENTACIÓN
250 g y 454 g · grano o molido
Presentación
¿Cómo lo prefieres?
$30.000 COPExterior: US$25 · bajo pedidoReservar por WhatsApp
Bolsa El Oficio de Toñito
Frente de la bolsa
Toñito y Dolly con sus hijos en 1994
Toñito y su Misia Dolly con sus hijos1994

Nuestro abuelo fue un hombre común y corriente. Un hombre de tubos y cuentas. De manos negras y carcajadas. De arepas, números y conversaciones. De su Misia Dolly, de sus hijos y de sus nietos.

Un hombre ordinario que hizo extraordinario lo ordinario de cada día.

Quizás ese fue, finalmente, el verdadero oficio de Toñito: hacer de su manera de vivir, un arte.

María Dolly Cardona de Naranjo en el cafetal SIGUE CON LA OTRA EDICIÓN · 2025 · DISPONIBLE La Primavera Naranjo La primera cosecha de una tierra renovada. Un renacer en cada taza. Leer la historia →
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