LA HISTORIA DE LA PLANCHA
Hay una historia que en nuestra familia lo retrata mejor que cualquier descripción. Cuenta la familia que una vez un muchacho pasó cerca de la casa y se llevó la plancha de nuestra abuela.
“Vaya, búsquelo y traiga la plancha”, le dijo su Misia Dolly.
Y Toñito salió a buscarlo. Lo encontró. Le pidió la plancha y, hasta ahí, la historia habría podido terminar como cualquiera esperaría. Pero Toñito no vio solamente a quien se había llevado algo suyo. Vio a un muchacho pálido, con frío, muy delgado y con poco más que lo que llevaba puesto.
Entonces hizo algo muy de él. Lo llevó a una panadería, le invitó un café con algo de comer y le dio unas monedas de su bolsillo. Tardó bastante en regresar. Y cuando finalmente volvió a casa, llegó sin la plancha y con unos pesos menos.
Quizás por historias como esta creemos que Toñito no tenía precisamente el alma de un gran negociante.
Sufría de exceso de nobleza.
Pero tal vez ahí estaba también su manera de mirar. Donde otros podían ver solamente un error, él todavía era capaz de ver a una persona.






